domingo, 26 de octubre de 2008

DIA DE MUERTOS, UNA DE LAS FIESTAS MAS IMPORTANTES DE MEXICO Y CENTROAMERICA

Imagen tomada del sitio www.artchive.com
Por Eréndira Estrada
Desde la existencia del hombre, el tema de la muerte ha formado parte del temor y la ritualidad de la humanidad, definir a la muerte es muy complicado, pues en ella se implican diversos ámbitos, como el biológico, médico, social, legal y religioso, sólo por mencionar algunos. Lo que sí podemos considerar como irrefutable es que no nos pasa desaparcibida y ésta siempre tiene relación con la vida y sus formas, así como con las creencias religiosas.
Es cierto que siempre se echa de menos a los que ya no están entre nosotros, pero hay un mes en especial que, por lo menos en el occidente, se les recuerda con mayor devoción, este es el mes de noviembre, específicamente el 1 y 2 de noviembre. Algunos les llaman día de muertos, o más agringado el término Halloween, pero por lo menos para México es Día de Muertos.
Y es precisamente de esta celebración de la cual les quiero hablar.
El día de Muertos es una fiesta muy grande celebrada en México, cuyo origen se remonta a la época prehispánica, con ella se honra a los difuntos el 2 de noviembre, la festividad inicia el 1 de noviembre por la noche. Esta coincide con las celebraciones católicas de Día de los fieles difuntos y todos los santos. En centroamérica también se lleva a cabo esta festividad, y en algunas comunidades de Estados Unidos donde hay una concentración grande de mexicanos. Como dato adicional la Unesco ha declarado a esta fiesta como patrimonio de la humanidad.
Como ya lo decía, su origen se remonta mucho antes de la llegada de los espanoles, por lo menos hace más de 3 mil anos, está vinculada con el calendario agrícola prehispánico, fecha que daba inicio a la recolección de la cosecha, había tal cantidad de alimentos que hasta se podía compartir con quienes habitaran ya otros mundos.
El culto a la muerte es uno de los elementos básicos de la religiones de las antiguas civilizaciones mesoamericanas, tenían la idea de que la muerte y la vida formaban una unidad, también creían que la muerte, más allá del fin de la vida, era la transición para obtener algo mejor, su connotación no tenía nada que ver con los preceptos morales de la iglesia católica sobre la existencia de un infierno y un paraíso, al cual se va dependiendo del comportamiento que se haya tenido en vida; al contrario de ello, los antiguos mexicanos tenían la idea de que según el tipo de muerte que habían tenido era el rumbo que tomaban, por ejemplo, los que morían ahogados o por algo relacionado con el agua iban al Tlalocan, relativo a Tlaloc, dios de la lluvia; los que morían en combate iban al Omeyocan, lugar donde habitada Huizilopoztli, dios de la guerra; los de muerte natural tenían asegurado su paso al Mictlán, habitado por Mictlantecuhtli y Mictacacíhuatl, señor y señora de la muerte. Había una sección aparte para los ninos, quienes llegaban a Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran.
Los entierros prehispánicos se acompanaban de ofrendas de todo tipo, desde juguetes, vacijas, joyas, bebidas, alimentos y hasta figurillas que representaban a los dioses mortuorios, todo ello con el fin de facilitar el camino al difunto. Según el rango de la persona que se eterrara era la ofrenda que se disponía, por ejemplo, si era un personaje de la nobleza también sus sirvientes eran enterrados junto con él.
Los sacrificios humanos tenían un lugar preponderante en estas celebraciones, se creía que con la sangre derramada de los prisioneros de guerra el sol se alimentaba y así tenía energía para seguir con su movimiento.
A la llegada de los espanoles, éstos se horrorizaron al ver las costumbres de los mesoamericanos, (aunque ellos mismos no se horrorizaran de lo que pasaba en la santa inquisición), quisieron erradicarla y lo único que consiguieron fue simplemente modificarla, el sincretismo de ambas religiones dio origen a lo que hoy conocemos como Día de Muertos.
Para fortuna nuestra, en la actualidad se conservan aún muchos elementos de la celebración prehispánica, sin sacrificar a nadie mas que al gasto, las ceremonias más importantes se llevan a cabo en Mixquic y Xochimilco, ambas localidades en la ciudad de México, y en el estado de Michoacán, en una población llamada Janitzio en el lago de Pátzcuaro.
La fiesta inicia en la víspera del 2 de noviembre, para ello la gente lleva ofrendas a sus muertos, sus platillos favoritos, bebidas como el tequila o cerveza, flores y veladoras adornan las tumbas a manera de altar y oran por sus familiares y amigos que ya no están. Es en este día cuando vivos y muertos se juntan para celebrar en unidad.
Más que llanto y tristeza esta celebración es todo lo contrario, es sarcástica e irónica, se le da un significado diferente a la tragedia, ya sea por miedo o por evasión, ese día todos los mexicanos nos convertimos en calacas para burlarnos de nosotros mismos, al final todos moriremos.
Por esta razón a la muerte le llamamos de tantas formas como la huesuda, la parca o la calaca, y al hecho de morir lo definimos como “estirar la pata”, “pelarse” o “petatearse”. Se hacen calaveritas, que son versos en rima para criticar el defecto o virtud de cada persona, partiendo de la suposición que está muerto o a punto de morir. para hacer más clara mi idea:


Un día estaba José Carlos en la estación de radio,
La parca muy atenta escuchaba paradero Iberoamérica
Muy segura de sí pensó: a ese peruanito me lo llevo yo
Ahora todos los seguidores del choche le lloran
Pero las calaquitas muy felices lo esperan
Para bailar al ritmo de latinoamérica.

Continuando con la celebración de esta fiesta, cada hogar mexicano pone un altar en su casa y lo adorna con los tradicionales adornos de papel picado, que es una artesanía hecha a base de papel de china de colores que se recorta para darle diferentes formas.
Se hornea pan de muerto, que no es otra cosa más que pan con levadura en forma de huesitos, hay calaveras de azucar, o chocolate con el nombre del difunto en la frente o también del vivo, todo esto en forma de broma sin ofender al aludido, la flor típica es el cempazuchitl, (caléndula o tagetes), el dulce de calabaza también está presente en el altar, las veladoras y por supuesto las fotos de los que ya no están más.
El olor a la canela y al ocote, (incienso) así como los colores y texturas que envuelven a toda esta celebración nos hace recordar que al fin venimos de un sincretismo de dos culturas, la indígena y la espanola, y que gracias a ellos nuestros pueblos encierran infinidad de costumbres, fiestas y tradiciones que hasta nuestros días seguimos viviendo y aprendiendo de ellos.

1 comentario:

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